Efemérides

Era un domingo cualquiera de invierno, no podría fecharlo, sólo sé que hacía frío. No aquel tipo de frío que paraliza la vida en casi todos los ámbitos, mas aquel frío que acompaña para pasear con una chaqueta y perderse entre el paisaje de la ciudad. Yo tenía unos 18 años, eso sí lo recuerdo con claridad. Estaba dando mis primeros pasos hacia una independencia personal que había anhelado por mucho tiempo. Había empezado a vivir fuera del nido y en una de mis tantas escapadas a Barcelona volvía en un tren regional destino a mi nuevo hogar compartido.

Este era el último tren de la tarde, con salida a las 19:03 desde Sants y llegada prevista a las 21:15 en Lleida. Quien me conociera por aquel entonces sabía que era una persona muy reservada, lo sigo siendo ahora, pero quizás no tanto como en aquella época. Viajaba siempre con mi mp3 escuchando música y, como siempre, me disponía a disfrutar de dos horas de paisajes embellecidos por el frío, alguna que otra lectura y posiblemente repasar las últimas poesías escritas. Hacía unos años que había empezado con ese hábito, el de tener siempre una libreta o hoja de papel disponible donde plasmar alguna poesía, escrito o pensamiento. Siempre soñando con los ojos abiertos, como sigo haciendo. Seguir leyendo “Efemérides”

poesía de ventanilla

vistas desde el tren

la verdad
con sabor a rutina,
ventanilla,
asfalto mojado,
duda,
vómito,
tinta incrustada,
cicatriz,
herida mal cerrada

se posa por unos segundos
en el alféizar de un día cualquiera
y como un pájaro libre,
hermoso, se muestra
aleteando su preciosa libertad Seguir leyendo “poesía de ventanilla”

12:21

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la señora de los gatos

algunas veces
soy 16:24
otras, silencio mal nacido

algunas veces
no calculo mis rotos espacios
y siento el tiro, dañino
del destino Seguir leyendo “12:21”

Ashburn y la 91

Chicago

 

Fueron unos pocos metros, quizás cuarenta o cincuenta, hasta llegar a la estación más cercana de tren. Pero en aquel pequeño recorrido se almacenaron grandes dosis de amargura.

Crujía la nieve bajo mis pies y las ruedas de las maletas en más de una ocasión se quedaban colapsadas por lo que tenía que parar para sacudirles el hielo. Dejo atrás mi calle, la 91 Sur y continúo por la acera. La estampa sería de película, si no fuera porque yo era el protagonista de la escena. Un tráiler aparcado a lo largo de la última calle, botellas de wiski barato semienterradas en la nieve y la entrada por el pasaje de las vías de tren hasta llegar a la plataforma, todo, en gran soledad y frío.

Pasaje que por la noche me aterraba, solían pasar por allí los coches de los pandilleros con la música a todo volumen y una noche se escucharon, algo similar, a disparos de pistola.

Y es que ya en mi contrato lo dejaba bien claro, no podía entrar nadie más que yo en la habitación, no se podían entrar drogas a la casa ni fire arms (armas). La firma de aquel contrato me llegó y de alguna forma me advirtió de donde me metía. La calle 91 sur no figura en los mapas turísticos de la ciudad, ni siquiera en la historia de los Obamas, ya que ellos estaban más cerca del cetro de donde yo me hospedaba. Seguir leyendo “Ashburn y la 91”

la bolsa

tram y vía

Tú, tendrás que quitar la bolsa que ocupa un espacio vacío en el tren. Lo suplirás, con una compañía efímera, un pasajero más de la vida. Quizás haya sexo, quizás haya incluso un café por la mañana. Pero la bolsa, siempre será tu fiel compañera.

Buscas y rebuscas en ella, como si escarbando en los submundos de la bandolera, pudieses encontrar la felicidad. Quizás eso no. Pero un clínex sí, un periódico caducado, un trago de agua o una corbata sin ganas de trabajar.

Alguien ocupará el lugar de tu bolsa de inseguridades, alguien colmará el asiento vacío al lado tuyo, pero nunca quedará suplido el vacío que ella llena.

Inseguridades en bolsa, pasajeros extraños y cruces del destino. Seguir leyendo “la bolsa”

08:08

pasos

yo también soy marea
ardiente marea
de futuro ya escrito

yo también soy número de afiliación
engranaje del destino

pero de vez en cuando
levanto la cabeza
escribo, Seguir leyendo “08:08”

La cabaña en el árbol

¿Victoria?

Querría saber porque estoy a la 1:28 a.m. intentado escribir algo que no tendría que escribir. Tendría que saber a estas alturas que lo que no nace, proyectado desde adentro, casi nunca sirve para nada. Debería de saber que uno tiene que romperse en pequeños trocitos y proyectar el vómito de su dolor en las letras. Pero hoy me rebelo, una vez más, me rebelo de lo que debería ser y de lo que tendría que estar escrito en el programa de eventos, en la telaraña del tiempo y sus rutinas/pautas marcadas.
Quizás aún quiera seguir siendo ese niño roto que todo le provoca curiosidad, alegría o tristeza. Quizás es la rebeldía de quien no ha querido salir de su nido de convicciones y retales de mil otras cosas extrañas.

Aún escribo desde mi cabaña en el árbol, espacio angosto, repleto de hormigas en verano, pero con una hermosa y preciada sensación de libertad. Desde el metro y medio que me separa del suelo puedo soñar. Puedo refugiarme de los problemas y seguir dibujando en las nubes un mañana mejor. Seguir leyendo “La cabaña en el árbol”