Cuevas, Santa Cruz, Bolivia

la única salida que queda disponible en estos momentos, es la salida por la puerta de cristal, estampando la ira que aún quede contra ella.

el paisaje a través suyo parece exótico, impalpable, a lo lejos adorable. imagino que allí también debe de haber insectos, monstruos (humanos) escondidos entre la maleza.

nuevamente tengo que apostar todo a algo incierto. habíamos acordado -eso creía al menos- que ya no había salidas de «emergencia», soluciones irrefutables, decisiones de épica realzada. quería pasar inadvertido y seguramente haré sonar la alarma de más de un transeúnte.

allí fuera las flores se ven hermosas, aquí no huelen detrás del cristal y tan solo vienen a estamparse mosquitos y otros insectos, pero no sale ni entra nadie. la burbuja, la impenetrable burbuja cristalina que realza los objetos de su interior, magnifica la luz que entra y condensa de una forma particular los sueños albergantes, es ya inhabitable.

pestilente recuerdo, carga arrastrada en el tiempo, ya no sirve de nada toda esa congoja. no sirve ni como arrojadiza defensa.

nuevamente salgo desnudo, sin protecciones y tiritando pasado por los cuatro costados. con los ojos desmesuradamente abiertos. allí fuera no queda nadie conocido (no podía quedar nadie conocido) todos son albergados a la par que deformados en la burbuja de cristal, que ahora, queda a mis espaldas.

[a-m]