Efemérides

Era un domingo cualquiera de invierno, no podría fecharlo, sólo sé que hacía frío. No aquel tipo de frío que paraliza la vida en casi todos los ámbitos, mas aquel frío que acompaña para pasear con una chaqueta y perderse entre el paisaje de la ciudad. Yo tenía unos 18 años, eso sí lo recuerdo con claridad. Estaba dando mis primeros pasos hacia una independencia personal que había anhelado por mucho tiempo. Había empezado a vivir fuera del nido y en una de mis tantas escapadas a Barcelona volvía en un tren regional destino a mi nuevo hogar compartido.

Este era el último tren de la tarde, con salida a las 19:03 desde Sants y llegada prevista a las 21:15 en Lleida. Quien me conociera por aquel entonces sabía que era una persona muy reservada, lo sigo siendo ahora, pero quizás no tanto como en aquella época. Viajaba siempre con mi mp3 escuchando música y, como siempre, me disponía a disfrutar de dos horas de paisajes embellecidos por el frío, alguna que otra lectura y posiblemente repasar las últimas poesías escritas. Hacía unos años que había empezado con ese hábito, el de tener siempre una libreta o hoja de papel disponible donde plasmar alguna poesía, escrito o pensamiento. Siempre soñando con los ojos abiertos, como sigo haciendo. Seguir leyendo “Efemérides”

08:08

pasos

yo también soy marea
ardiente marea
de futuro ya escrito

yo también soy número de afiliación
engranaje del destino

pero de vez en cuando
levanto la cabeza
escribo, Seguir leyendo “08:08”

La cabaña en el árbol

¿Victoria?

Querría saber porque estoy a la 1:28 a.m. intentado escribir algo que no tendría que escribir. Tendría que saber a estas alturas que lo que no nace, proyectado desde adentro, casi nunca sirve para nada. Debería de saber que uno tiene que romperse en pequeños trocitos y proyectar el vómito de su dolor en las letras. Pero hoy me rebelo, una vez más, me rebelo de lo que debería ser y de lo que tendría que estar escrito en el programa de eventos, en la telaraña del tiempo y sus rutinas/pautas marcadas.
Quizás aún quiera seguir siendo ese niño roto que todo le provoca curiosidad, alegría o tristeza. Quizás es la rebeldía de quien no ha querido salir de su nido de convicciones y retales de mil otras cosas extrañas.

Aún escribo desde mi cabaña en el árbol, espacio angosto, repleto de hormigas en verano, pero con una hermosa y preciada sensación de libertad. Desde el metro y medio que me separa del suelo puedo soñar. Puedo refugiarme de los problemas y seguir dibujando en las nubes un mañana mejor. Seguir leyendo “La cabaña en el árbol”

poesía de ventanilla

vistas desde el tren

la verdad
con sabor a rutina,
ventanilla,
asfalto mojado,
duda,
vómito,
tinta incrustada,
cicatriz,
herida mal cerrada

se posa por unos segundos
en el alféizar de un día cualquiera
y como un pájaro libre,
hermoso, se muestra
aleteando su preciosa libertad Seguir leyendo “poesía de ventanilla”

la desposesión del paraguas

para aguas

la idea y la posesión de este artilugio
es algo irónico y recurrente en mi vida

sé dónde puedo comprarlo
sé que no me durará mucho
y seguramente se rompa, al mínimo roce con el viento
pero con mi precaria adquisición
me refugiaré (vagamente) de las inclemencias

lo perderé/ lo olvidaré
muy probablemente me lo roben
y será de color oscuro, como el de todos

si sobrevive al embate del tiempo y a mi desmemoria
yacerá en algún rincón oscuro de mi habitación
por semanas y semanas
como una posesión talismánica, y lo miraré sin verlo Seguir leyendo “la desposesión del paraguas”

ayer no es hoy

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Vistas de noche sobre Barcelona

A veces, sin más, me pregunto de donde provienen o en que circunstancias han nacido algunas frases hechas. En esta ocasión me pregunto ¿cuando se acuñó la expresión bar de mala muerte? pero… ¿Cuántas veces hemos visto nosotros muertos en bares? ¿de qué año debería ser eso?

Todo esto se resolvería a dos clics de distancia de donde ahora redacto este escrito, pero sigo rumiando, sigo desgranando la sensación de no saber y me recreo en esta expresión.

Ayer, salí de trabajar y me apetecía comer comida asiática. Llevo poco tiempo en el barrio y en realidad aún no conocía ningún restaurante que me acomodara tal necesidad. Decido caminar a lo largo de una avenida por la que no suelo pasar y el rótulo de un restaurante me llama la atención. No hacía mucho que me había adentrado en aquella nueva zona y al parecer ya había localizado mi objetivo. Sigo caminando hacia el, hasta detenerme en la misma entrada, donde encuentro unos menús doblados perfectamente y con unas fotos de comida suculenta. Empiezo a revisar el menú con detalle y a seleccionar mentalmente lo que voy a pedir, aunque cada plato parece llamarme la atención. Si este menú hubiese aparecido en mi buzón muy seguramente hubiese tomado la decisión de llamar, las fotografías de alta calidad invitaban a probar nuevos platos y el precio razonable hacían de esta situación un claro “win & win”. Seguir leyendo “ayer no es hoy”