la bolsa

tram y vía

Tú, tendrás que quitar la bolsa que ocupa un espacio vacío en el tren. Lo suplirás, con una compañía efímera, un pasajero más de la vida. Quizás haya sexo, quizás haya incluso un café por la mañana. Pero la bolsa, siempre será tu fiel compañera.

Buscas y rebuscas en ella, como si escarbando en los submundos de la bandolera, pudieses encontrar la felicidad. Quizás eso no. Pero un clínex sí, un periódico caducado, un trago de agua o una corbata sin ganas de trabajar.

Alguien ocupará el lugar de tu bolsa de inseguridades, alguien colmará el asiento vacío al lado tuyo, pero nunca quedará suplido el vacío que ella llena.

Inseguridades en bolsa, pasajeros extraños y cruces del destino. Seguir leyendo “la bolsa”

Efemérides

Era un domingo cualquiera de invierno, no podría fecharlo, sólo sé que hacía frío. No aquel tipo de frío que paraliza la vida en casi todos los ámbitos, mas aquel frío que acompaña para pasear con una chaqueta y perderse entre el paisaje de la ciudad. Yo tenía unos 18 años, eso sí lo recuerdo con claridad. Estaba dando mis primeros pasos hacia una independencia personal que había anhelado por mucho tiempo. Había empezado a vivir fuera del nido y en una de mis tantas escapadas a Barcelona volvía en un tren regional destino a mi nuevo hogar compartido.

Este era el último tren de la tarde, con salida a las 19:03 desde Sants y llegada prevista a las 21:15 en Lleida. Quien me conociera por aquel entonces sabía que era una persona muy reservada, lo sigo siendo ahora, pero quizás no tanto como en aquella época. Viajaba siempre con mi mp3 escuchando música y, como siempre, me disponía a disfrutar de dos horas de paisajes embellecidos por el frío, alguna que otra lectura y posiblemente repasar las últimas poesías escritas. Hacía unos años que había empezado con ese hábito, el de tener siempre una libreta o hoja de papel disponible donde plasmar alguna poesía, escrito o pensamiento. Siempre soñando con los ojos abiertos, como sigo haciendo. Seguir leyendo “Efemérides”

ayer no es hoy

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Vistas de noche sobre Barcelona

A veces, sin más, me pregunto de donde provienen o en que circunstancias han nacido algunas frases hechas. En esta ocasión me pregunto ¿cuando se acuñó la expresión bar de mala muerte? pero… ¿Cuántas veces hemos visto nosotros muertos en bares? ¿de qué año debería ser eso?

Todo esto se resolvería a dos clics de distancia de donde ahora redacto este escrito, pero sigo rumiando, sigo desgranando la sensación de no saber y me recreo en esta expresión.

Ayer, salí de trabajar y me apetecía comer comida asiática. Llevo poco tiempo en el barrio y en realidad aún no conocía ningún restaurante que me acomodara tal necesidad. Decido caminar a lo largo de una avenida por la que no suelo pasar y el rótulo de un restaurante me llama la atención. No hacía mucho que me había adentrado en aquella nueva zona y al parecer ya había localizado mi objetivo. Sigo caminando hacia el, hasta detenerme en la misma entrada, donde encuentro unos menús doblados perfectamente y con unas fotos de comida suculenta. Empiezo a revisar el menú con detalle y a seleccionar mentalmente lo que voy a pedir, aunque cada plato parece llamarme la atención. Si este menú hubiese aparecido en mi buzón muy seguramente hubiese tomado la decisión de llamar, las fotografías de alta calidad invitaban a probar nuevos platos y el precio razonable hacían de esta situación un claro “win & win”. Seguir leyendo “ayer no es hoy”

los conquistadores

Santa Ana, El Salvador
frutas en un mercado

Horas de vuelo -muchas-, paisajes diferentes, aviones, maletas y gente en movimiento. El impacto recibido, el welcome de la realidad centroamericana no tardó en hacerse notar, ni fue sencillo de asimilar.

Las costuras (cicatrices de algo aún demasiado cercano) estaban a flor de piel. En las calles, en los “autobuses”, en los mercados, en los centros comerciales… Allí donde fueras te atrapaba esa angustiante sensación.

Las calles de San Salvador [ciudad cicatriz] eran reflejo de ello, de aquel fantasma con cara difusa. Había un peso sobre su gente, que infatigablemente se percibía en sus rostros. El peso de la violencia, de los coches con las ventanillas tintadas, las vallas de espinos en los tejados, las metralletas a la vista, las rejas y los búnkers habitados. Seguir leyendo “los conquistadores”

adyacente

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Siempre había soñado con escapar, escapar con él. Por aquella sinuosa carretera, que como un imán me atrapaba en su árido paisaje, cada vez que bajaba allí para hacer la colada.

Paraba frente a ella, algunas veces la recorría con mis dedos y pensaba en una sola cosa, escapar lejos de allí. En aquel cuarto oscuro, pendía una bombilla que apenas desprendía luz. Es allí donde pasaba largas horas arreglando la ropa, hasta que reconocía la imagen y dejaba que me transportara a su mágico territorio.

Aquel día por algún motivo había sido diferente al resto, de la nada, apreció hecho una furia Matt por las escaleras y me zarandeó como si fuera estúpida. Al parecer me había estado llamando por un rato y yo absorta por el paisaje, me había evadido por completo de la realidad que me rodeaba. Tenía la cesta de la colada aún en mi cintura, con la mano derecha haciendo presión contra mi cuerpo, pero me faltaba aún un peldaño para descender al cuarto.

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